Medicina estética: la salud del alma.

Siempre he pensado que, tan importante es la salud del cuerpo como la del alma. En ocasiones hay personas que se atreven a tachar de superficial a un paciente por hacerse algún tipo de retoque estético. Y cuando esto ocurre, siempre me hago la misma pregunta…

¿Acaso no se puede enfermar el alma?

Naturalmente que puede. Nuestro rostro es el lienzo en el que exponemos el día a día de nuestro sentir.  Es el libro abierto al mundo en el que escribimos nuestras emociones, vivencias e incluso pensamientos. Pero, ¿qué ocurre si no estamos contentos con el lienzo…?

He visto a pacientes llorar de alegría tras hacerse ese retoque que “le ha cambiado la vida”, he contemplado lágrimas de agradecimiento por haber modificado  de un modo natural ese lienzo del que os hablo. Y es que, creedme, lo que a unos les parece una frivolidad, a otros les ha supuesto años de sufrimiento. Así pues, si la técnica y tecnología actuales nos permiten cambiar partes de ese lienzo que el paciente desea ver de otro modo, ¿por qué negar ese beneficio?

La Medicina estética es, ante todo, Medicina. Y como tal, responde al principio básico de todo médico: lo primero es no hacer daño (primun non nocere), que aunque mucha gente piensa que forma parte del juramento hipocrático no es así. Y sí, la Medicina estética, como Medicina, se ampara  bajo el mencionado juramento.

Juramento hipocrático en Medicina estética.

Aquí os dejo los cuatro pilares en los que nos basamos toda la profesión médica.

  • Desempeñaré mi arte con conciencia y dignidad.
  • La salud y la vida del enfermo serán las primeras de mis preocupaciones.
  • Respetaré el secreto de quien haya confiado en mí.
  • Mantendré, en todas las medidas de mi medio, el honor y las nobles tradiciones de la profesión médica.